Este mes de mayo he culminado una etapa vital de más de tres décadas. Desde 1989, mi vida ha transcurrido en La Rioja, en algunos de sus pueblos primero y en Logroño después. Ahora regreso a Pamplona, la ciudad que me vio nacer, para comenzar un nuevo capítulo. Comparto aquí algunas reflexiones personales sobre este tránsito.

He regresado a Pamplona, a mi Iruña natal. En noviembre de 1989 inicié el camino inverso: salí de Pamplona rumbo a un pueblo de La Rioja. Por supuesto, lo hice con otras ilusiones, pensando en el futuro, creyendo que era una oportunidad, y con ese objetivo dimos aquel paso.
Después, las circunstancias laborales, familiares y varios acontecimientos me fueron llevando por distintos derroteros, con sus altibajos, con momentos muy duros y también otros agradables.
Los últimos 15 años —y con más intensidad los últimos 10—, tras haber sido elegido concejal en 2015 en el Ayuntamiento de Logroño y repetir en 2019, me permitieron conocer, apreciar y valorar la ciudad y a buena parte de su ciudadanía, implicada en los problemas cotidianos de su entorno. Pero de eso ya hablé en mi carta de despedida a Logroño; ahora quiero centrarme en esta nueva etapa.
Puedo decir que ha sido duro, y por varios motivos que intentaré explicar. Cuando inicié aquel primer viaje —como decía, con ilusiones de futuro—, ese futuro era desconocido, pero estaba por delante, lleno de posibilidades. Ahora, el futuro está más claro: ya podemos intuir el final que, por mucho que se alargue, no está tan lejos. Como le he oído decir alguna vez a Miguel Ríos: “Estamos en la rampa de salida”.
Además, llego a una ciudad que, tras tantos años, me resulta casi desconocida. Ha cambiado mucho, y aunque he vuelto al barrio donde pasé mi juventud, ya no están, lógicamente, aquellas personas vecinas, aquellos compañeros de aventuras. Algunas, tristemente, ya no están vivas. ¿Pasaron a mejor vida? No lo sé. Otras se habrán mudado, formado sus familias, quizás vivan en otras ciudades, como hice yo… o incluso en otros países.
Y uno se encuentra con que tiene que empezar casi de nuevo: hacer nuevas amistades, conocer a nuevos vecinos, redescubrir los comercios, las calles… como si se volviera a empezar la vida. Y, en ciertos momentos, eso es duro. Más aún cuando ahora, que tengo más tiempo, echo de menos compartir todas estas nuevas vivencias.
Todavía no sé si este será mi último destino —bueno, penúltimo; el último lo tenemos claro todas las personas—. A veces los sueños que tenemos parecen utopías, pero algunas de esas utopías se hacen realidad.
Espero reencontrarme con parte de lo que fui y descubrir quién puedo seguir siendo. Como siempre, con los pies en la tierra… y los sueños despiertos.
Que la vida te siga sorprendiendo, y que todo lo que buscas, te salga al encuentro,
Disfruta de nuestra Pamplona, 🤗
Muchas gracias Mercedes, lo haré. 🤗